Tras los últimos acontecimientos en Medio Oriente y su efecto sobre los precios del petróleo, los inversionistas siguieron cerrando posiciones de riesgo antes del fin de semana, con el consecuente efecto a la baja en la renta variable internacional.
Así, después de su peor sesión desde mayo, el MSCI IPSA chileno siguió perdiendo terreno al cierre de este viernes. El indicador cayó 0,3% a 10.746,36 puntos, un mínimo desde el 25 de junio, especialmente presionado por Latam (-1,9%) y Falabella (-1,7%), y nuevamente con una amplia mayoría de acciones en rojo, aunque los montos transados fueron relativamente bajos.
El IPSA registró una pérdida semanal de 2%, profundizándose a 3,1% si se toman en cuenta los movimientos del dólar en Chile, ya que la divisa subió $ 10 este viernes y cerró en máximos desde abril de 2025. Con este ajuste por tipo de cambio, la plaza chilena acumula un desempeño negativo en 2026.
La próxima semana comenzará la temporada de resultados del tercer trimestre de las empresas IPSA, y como es habitual, serán las eléctricas, Coca-Cola Andina y Parque Arauco las primeras en dar a conocer sus números.
Bolsas internacionales
El resto de América Latina mostró una tendencia a recuperar terreno, con el liderazgo del brasileño Bovespa (0,8%), seguido por el colombiano Colcap (0,5%), mientras que los indicadores de México y Perú se estabilizaron.
Este domingo tendrá lugar la segunda vuelta presidencial en Brasil, cuyo resultado no parece estar asegurado, aunque los mercados de apuestas dan como favorito a Flávio Bolsonaro. Las expectativas de una victoria del candidato opositor han propiciado un rally bursátil en Brasil y ciertas ganancias también en el resto de la región.
Al cierre de Wall Street, el Dow Jones cayó 1,2% y el S&P 500 perdió 0,5% y el Nasdaq cedió 0,2%, este último marcando una baja semanal de más de 0,7%. Los rendimientos del Tesoro estadounidense recuperaron algo de lo que cedieron con sus significativas caídas de la víspera.
Los precios de la energía no dieron su brazo a torcer, pues el crudo Brent escalaba 3,3% hasta los US$ 116,9 por barril, su mayor nivel desde finales de abril. Las preocupaciones sobre el suministro han seguido creciendo, después de que las milicias hutíes -aliadas de Irán- se adjudicaron un ataque al puerto saudí de Yanbu en el mar Rojo, así como las ofensivas a un campo petrolífero y un aeropuerto del reino con consecuencias fatales.
En Europa, el continental Euro Stoxx 50 y el FTSE 100 de Londres retrocedieron 0,3%, con respectivas pérdidas semanales de 2,2% y 1,8%. En el caso de Asia, las principales bolsas experimentaron una mayor calma este viernes, pero tanto el Nikkei como el Hang Seng cayeron 4% a nivel semanal.
La renta variable internacional no solo ha sufrido por el auge del petróleo, sino también por el desarme de posiciones favorables a la inteligencia artificial. En un entorno más restrictivo para el financiamiento de estos proyectos, los agentes están dudando sobre la sostenibilidad de las gigantescas inversiones que requieren.
Atención a los centrales
Los mercados se preparan así para un fin de semana en el que podrían surgir nuevos brotes de violencia en la región del golfo Pérsico. No solo eso: la próxima será una semana de reuniones de los principales bancos centrales, protagonizados por la Reserva Federal (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE).
"Es probable que la Fed y el BCE mantengan las tasas en sus reuniones de octubre. Sin embargo, una pausa no significaría necesariamente el fin del endurecimiento monetario. La inflación persistente y la resiliencia económica respaldan la posibilidad de nuevas subidas en diciembre, aunque las tensiones en el mercado de bonos del Estado francés podrían limitar las acciones del BCE", escribió el analista senior de Oanda, Łukasz Zembik.
"Las presiones sobre los precios a ambos lados del Atlántico siguen siendo demasiado fuertes como para que los bancos centrales puedan cantar victoria. El riesgo de que el aumento de los costos de la energía se traslade a otros bienes y servicios sigue complicando el regreso a la meta. Mientras tanto, la actividad económica relativamente sólida reduce la probabilidad de que la menor demanda por sí sola contenga rápidamente la inflación", profundizó.