El próximo 19 de noviembre en la Viña Matetic está agendado un evento importante: el lanzamiento de dos libros generados al alero de la Fundación Cerro Guido Conservación, que es -como su nombre lo indica- el brazo conservacionista de la familia Matetic, cuyo patriarca, el empresario Jorge Matetic Riestra, quien es tercera generación en Chile de este grupo empresarial, lleva años empujando por la protección del puma en la Patagonia.
Con 85 años, Jorge Matetic Riestra es un empresario cuya familia participa con inversiones en múltiples sectores, que van desde la industria acerera y metalmecánica, con Inchalam y la firma AZA -que preside y que está embarcada en darle una nueva vida a la siderúrgica Huachipato basado en “acero verde”, con chatarra-; la ganadería y alimentos, con estancias, Matetic Farms y Ñuble Alimentos; el turismo y hotelería; y la industria vitivinícola, entre otros.
Es en el rubro vitivinícola donde está ocurriendo un cambio en la gobernanza del negocio. En Matetic Vineyards, que opera con unas 160 hectáreas insertas en el fundo familiar El Rosario -de unas 16 mil hectáreas totales ubicadas entre Cartagena y Casablanca, en la Región de Valparaíso-, dieron pie al ingreso de la quinta generación de esta familia empresaria. Este año arribó a la vitivinícola Jorge Matetic Villanueva, de 30 años, hijo de Jorge Matetic Hartard y nieto de Jorge Matetic Riestra, transformándose en el primer integrante de esa generación de la familia -que suma unos 14 primos- en asumir un cargo ejecutivo en los negocios del grupo. Además, es el quinto “Jorge” (ver recuadro) en sumarse a los negocios.
Número uno
En el entorno de esta familia explican que la llegada de Jorge Matetic Villanueva, era un paso que se esperaba, pues si bien en su pasado reciente este alto ejecutivo se desempeñó en la industria financiera, su trayectoria y su historia están vinculadas con el negocio agrícola y vitivinícola. Estudió para ser ingeniero agrónomo en la PUC, especializado en economía agraria. Hizo su práctica en la Viña Garzón, en Maldonado, Uruguay. Se especializó en Sonoma State University con un curso específico sobre el negocio del vino, para luego ingresar a la Viña Matetic, como regional export manager. Y luego de eso, emigró a Babson College para cursar un MBA y más tarde insertarse en la industria financiera en Chile. Trabajó en Toesca Asset Management y luego en Banchile, donde estuvo hasta marzo pasado.
Personas que conocen a Jorge Matetic Villanueva explican que siempre quiso estar en este negocio vitivinícola y que en realidad su paso por las finanzas corporativas -incluido su MBA en Estados Unidos- fue parte de una formación que estimó necesaria para que se complementara su expertise en el área comercial, en ventas y el manejo de los clientes.
Ahora bien, su regreso este año a la viña, llamado por la familia, se inserta también en un cambio en la gobernanza de la compañía, después de que decidieran vender a la familia Von Appen la marca TerraPura, deal que no incluyó la bodega ubicada en San Fernando. Esta compraventa implicó, en los hechos, traspasar parte importante de la actividad vitivinícola y concentrar, por parte de los Matetic, esta actividad exclusivamente en sus vinos de alta gama, cuyos exponentes son básicamente sus marcas EQ, Corralillo y el ícono Matetic.
Este cambio hizo que optaran por prescindir de tener un CEO en la viña -cargo que por 18 años ocupó Arturo Larraín, hasta junio pasado- y diseñar un esquema mucho más simplificado, pequeño, ligero, acorde al nuevo tamaño del negocio. Así, a nivel ejecutivo quedó a cargo Jorge Matetic Villanueva como director comercial, quien está apoyado por el enólogo jefe, Julio Bastías. Y a nivel de directorio, por una mesa de sólo tres integrantes, liderada por la única hija mujer de Jorge Matetic Riestra, Carolina Matetic Hartard, acompañada por dos profesionales externos a la familia: el enólogo Rodrigo Soto, radicado en Estados Unidos, y Gerardo Sepúlveda, un alto directivo y gestor financiero.
El foco que con Matetic Villanueva a la cabeza buscan darle a la viña, tras desprenderse de TerraPura, es simple: “vender menos y más caro”, dicen en su entorno, muy enfocado en vinos cuyo rango de precio parte en los $ 13 mil y puede llegar a $ 35 mil en Chile la botella (TerraPura es un vino de unos $ 5 mil). Y crecer y darle impulso al enoturismo y hospitality, basados en el hotel y restaurant con que ya cuentan en El Rosario. Tienen allí planes hechos de ampliación que aún no están aprobados, pero que en el futuro podrían ejecutarse, adicionando más capacidad a las 10 habitaciones con que hoy cuentan.
Un conocedor del cambio lo resume así: aquí hay una estrategia de poner foco y que un integrante de la familia se haga cargo nuevamente a nivel ejecutivo de un negocio más pequeño, pero relacionado con el campo, que es el origen de la actividad familiar. Y llevar más clientes y turistas al valle. “Obviamente Jorge Matetic Villanueva era el candidato número uno. Era un cargo calcado para él y probablemente en el futuro se transforme en el director ejecutivo”, dice un cercano a la familia. Hoy desde su cargo como director comercial sólo no ostenta los poderes de representante legal.
En el pasado, en la viña de los Matetic su padre Jorge Matetic Hartard fue gerente general y luego presidente, y fue quien le dio el impulso al desarrollo de los cultivos orgánicos y biodinámicos. Hoy esta cuarta generación -los cuatro hermanos Matetic Hartard- participa en los diversos negocios a nivel de directorios, partiendo por la mesa de MH Inversiones, que es la sociedad familiar desde la que gestionan parte importante de sus negocios operativos.
Ese directorio está integrado por los cuatro hermanos Cristián (presidente), Jorge, Andrés y María Carolina Matetic Hartard, junto a su padre, y tres asesores externos: el ya mencionado Gerardo Sepúlveda, Jaime Soler (ex CEO de Cencosud), y Pablo Guarda (ex CEO de CGE).
A su vez, los hermanos integran también mesas de las sociedades operativas. Por ejemplo, Andrés Matetic integra la mesa de Aza y preside Ñuble Alimentos, mesa en la que también participa Cristián Matetic, quien también es vicepresidente de la fundación conservacionista impulsada por su padre en Magallanes. Jorge, a su vez, preside comités del área turismo y real estate.
Proyecto puma

Ingeniero agrónomo de la PUC, Jorge Matetic Riestra es la tercera generación de esta familia en Chile. El origen está en su abuelo, Jorge Matetic Cetinja, un inmigrante que llegó a Chile en 1892, proveniente del entonces puerto de Fiume, Imperio Austro Húngaro -hoy Rijeka, Croacia-, instalándose en Punta Arenas. Allí nació en 1906 su hijo, Jorge Matetic Fernández, y aunque el hijo de éste, Jorge Matetic Riestra, nació en Santiago, parte muy importante de su vida y negocios ha seguido vinculada con Magallanes, asociado históricamente con otros conocidos de la zona, la familia Simunovic. Con ellos, buscando un campo de verano para mover el ganado, dieron con Cerro Guido, que era uno de los predios loteados de la centenaria Sociedad Explotadora Tierra del Fuego, una de las primeras empresas ganaderas que se instaló en la zona.
Hace unos seis años, Matetic Riestra impulsó la creación de una iniciativa conservacionista llamada “proyecto puma”, que luego dio origen a la Fundación Cerro Guido Conservación, una organización privada sin fines de lucro que hasta ahora se ha enfocado en específico en la protección del puma, bajo la premisa de que puede haber coexistencia entre la vida silvestre con la actividad humana y ganadera, que históricamente han tenido una relación tensionada en la Patagonia. La fundación vuelca su actividad en la misma Estancia Cerro Guido, ubicada al oriente de las Torres del Paine hasta cerca de la frontera con Argentina, haciendo convivir ganadería, turismo y conservación en el mismo territorio de unas 132 mil hectáreas, desglosadas en unas 100 mil de Estancia Cerro Guido, donde los Matetic comparten propiedad con los Simunovic -en proporciones dos tercios y un tercio, respectivamente-, y la Estancia Cerro Tenerife, de 30 mil hectáreas, sólo de los Matetic.
Con el puma como especie focal, desde el inicio el monitoreo lo han hecho con cámaras trampa, documentando procesos reproductivos y movimientos territoriales. Y para proteger el ganado, se abocaron a la crianza de perros de las razas Pastor de Montaña de los Pirineos y Maremma, lo que les permite no eliminar al puma, ni siquiera impedir su presencia en el territorio, sino disminuir las probabilidades de encuentro entre pumas y rebaños, logrando un 51% de menor mortalidad atribuible a pumas en rebaños protegidos por los canes.
A este trabajo últimamente han incorporado nuevas especies como guanacos, huemules y cóndores. Para solventar esta actividad conservacionista, los fundadores hacen aportes a la entidad provenientes de las mismas operaciones ganaderas y turísticas del territorio. Y es en el área turística donde tienen en el radar un nuevo proyecto. Si bien éste aún no está aprobado por directorio, sí lo sometieron a consulta de pertinencia en el sistema ambiental. Se llama Lodge Las Chinas, una iniciativa dentro de la misma Estancia Cerro Guido, con capacidad para 56 personas, en un área total intervenida de 9.135 M2, con actividades de agroturismo.
Personas cercanas a los Matetic explican que salvo el hotel en la misma Estancia Cerro Guido y la sociedad Patagonia Camp ubicada hacia el sur de Torres del Paine -donde los Matetic participan con otros socios-, han sido bastante conservadores a la hora de emprender nuevos proyectos turísticos, por lo que la nueva iniciativa, por unos US$ 3,4 millones, la ven en la zona con muy buenos ojos, como otro posible polo de actividad.